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CRISTIANISMO Y REVOLUCION Nº 30 (1971): EL PERONISMO SERA REVOLUCIONARIO O NO SERA

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El 26 de julio de 1952 moría, después de brillar por su acción revolucionaria, la mujer más importante de la historia política argentina. Es que EVA PERÓN, encarnaba como nadie el nervio y motor de la rebeldía proletaria que significó el peronismo. Su aparición en el escenario político nacional ha de computarse como una victoria para toda América Latina. La excitación y agitación que imprimió en los espíritus sometidos tienen como consecuencia la toma de conciencia del proletariado llevada al terreno de la lucha de clases.

El 17 de octubre de 1945, jugó un papel preponderante en la movilización popular que rescataría a Perón y lo llevaría al poder. Su amor por el líder y por su pueblo se manifestaba en cada momento, en cada acción en que la compañera Evita ponía todo su empeño para consolidar y radicalizar el proceso peronista.

Evita estaba sensitivamente constituida para representar su rol histórico. Medular, sectaria, compulsiva, anárquica, sabía más allá de las teorizaciones, que con las clases dominantes no se podía ni se debía pactar.

“A la fuerza brutal de la antipatria opondremos la fuerza popular organizada” repetía constantemente a los obreros induciéndolos a organizarse para la defensa de sus conquistas. Fundamentalmente clasista, su espíritu no decaía e impulsaba la realización de la Revolución luchando para que se les dé mayor participación a los trabajadores. Su voluntad de hacer realidad las milicias obreras, verdaderas fuerzas populares armadas, fue boicoteada por la burguesía del Partido y por la cipayería encarnada en el Ejército.

Hasta el último día de su vida alertó a los trabajadores sobre el peligro de los caudillos profesionalizados, que medrarían con la fuerza de la CGT en provecho propio. Fue ejecutiva, en un plano donde el diálogo con la oligarquía y el imperialismo sólo podía llamarse traición al pueblo.

Murió a los 33 años y con ella, el pueblo, el país, la revolución, perdieron una de sus aristas más importantes. Moría con ella el ala más radical del peronismo. Los trabajadores lo sabían y por eso la lloraron. Ese día el país paró. Eva Perón fue velada catorce días consecutivos. Catorce días en los que el pueblo, mujeres, hombres y niños se hicieron presentes para dar el postrero adiós a la combatiente; a la compañera muerta. Ese día hubo llantos sinceros. Pero también hubo lágrimas cínicas.

Los obsecuentes, los futuros traidores, los próximos contrarrevolucionarios también desfilaron frente a su cadáver, fraguando sentimientos que no experimentaban. Con su muerte el proceso comienza a dar marcha atrás. Perón queda solo y el puesto de la conductora es repartido entre los sectores burocráticos y reaccionarios de dentro y fuera del peronismo. La contrarrevolución tenía allanado el camino.

Hoy los trabajadores conservan intacto su recuerdo, porque su figura es símbolo de combate. Alienta las esperanzas de los que enfrentan a la dictadura en las fábricas, en la prisión, en las calles, en todos los lugares del país, donde haya un argentino que se alce a luchar por su patria y por su líder.

El pueblo no se equivoca, por eso los comerciantes de votos de “La hora del Pueblo” no han podido ocultar el auténtico carácter actual y vivencia! de símbolo revolucionario de clase que ostentaba Evita. Por eso no han podido mellar su personalidad combativa, estrechándola y deformándola en el marco de un pacifismo hipócrita tendiente a esterilizar la capacidad de lucha de la clase obrera. Es por ello que debemos recoger su mandato y limpiar nuestras filas de traidores, conciliadores, reformistas y claudicantes.

La verdadera imagen de Evita —no lo dudamos— se proyecta en los numerosos comandos armados que llevan su nombre o en los obreros y estudiantes argentinos, hombres y mujeres que repiten su consigna de batalla: “si Evita viviera, sería montonera”. Ellos son los que han recogido su coraje y lo llevan hecho bandera hacia la victoria, es decir, hacia la construcción de la Patria Socialista en pos de la cual Evita diera su vida.


Tags: Cristianismo y Revolución N° 30, Editorial, Eva Perón, Montoneros

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